Proponen un manual para la regulación financiera mundial

Gobiernos y grupos privados están diseñando esquemas de supervisión sobre bancos y otras entidades.

Proponen un manual para la regulación financiera mundial

Mercado Digital, Buenos Aires, Argentina, Noviembre 2009

Gobiernos y grupos privados están diseñando esquemas de supervisión sobre bancos y otras entidades. Los temas en discusión abarcan la asignación de responsables en caso de errores o de errores y excesos. Viejas virtudes, como capitales sólidos, alta liquidez y fondeo sustentable debieran retornar a escena.

Más de un año tras el inicio de la crisis occidental, se multiplican debates sobre un marco internacional de gestión y contralor de servicios financieros. Así, el grupo de los 20, en conjunto o individualmente, considera ya medidas globales para evaluar riesgos sistémicos. ¿Por qué? Porque no es posible dejar que la banca privada o las agencias calificadoras cumplan con esa tarea. Eso es lo opinan Alan Gemes, Peter Golder y Thorsten Liebert, de la consultora Booz & Company.

Los temas en discusión abarcan la asignación de responsables en caso de errores o de errores y excesos. Viejas virtudes, como capitales sólidos, alta liquidez y fondeo sustentable debieran retornar a escena. Por ende, las reformas han de ser simultáneamente capaces de asegurar estabilidad e imbuir flexibilidad, innovación y eficacia. Pero sus detalles distan de estar claros y probablemente no lo estén hasta mediados de 2010. Como subraya el trabajo de B&Co., todo se reduce a cuatro preguntas claves.

1 ¿Cómo restaurar la salud del sistema? La naturaleza internacional de los mercados financieros implica que su supervisión se aplicará en dos contextos, local y global. Ello entraña regulaciones holísticas y transparentes, para evitar arbitrajes –operaciones que se mudan en pos de puntos mal supervisados- y otros vacíos de cobertura.

Todo nuevo sistema deberá incluir todas las instituciones financiera (IF), no sólo las ya alcanzadas por los reguladores nacionales. Además, deberán extenderse a la llamada “zona gris”; vale decir, fondos de cobertura (derivados), firmas de capital extrabursátil (compras apalancadas), vehículos de propósitos especiales y otros segmentos especulativos.

Al mismo tiempo, las funciones y responsabilidades de bancos centrales también requieren ser reevaluadas. Más aún les vale a las agencias calificadoras de riesgo. Particularmente, Standard & Poor’s, Moody’s Investors Service y Fitch Ratings, claves de la inestabilidad financiera prevaleciente desde el colapso hipotecario (2006). El sector y sus medios confiaron demasiado en sus evaluaciones.

2 ¿Qué papel tienen los reguladores? La mezcla de instancias locales e internacionales exige un campo de juego consistente y diáfano. En forma simultánea, es preciso tener presente que cada país ya llega con sus propias ideas y normas regulatorias.

El G-20 debiera impedir que los gobiernos se tornen más nacionalistas. Algunos ya han encarado medidas para proteger soberanías –mala palabra para estos analistas-; por ejemplo revisiones de normas sobre inversiones externas o presiones para alentar a los bancos a prestar hacia dentro de los países si quieren captar depósitos locales. Estas acciones requieren contramedidas en el plano internacional.

3 ¿Qué debe cambiar? Ningún marco regulatorio podrá lograr estabilidad sin una gestión de riesgos proactiva que induzca comportamientos apropiados. Al respecto, los autores son optimistas e imaginan que una mayoría de ejecutivos en EE.UU. y Europa occidental ha aprendido las lecciones del reciente colapso financiero. Quizás algunos lo hayan hecho, pero no son muchos, como demuestra la persistencia de bonificaciones desmedidas. Eso sí debe cambiar.

Por tanto, no queda claro que las cúpulas se sientas motivadas a desempeños en línea con metas e incentivos tendientes a equilibrios viables entre riesgos y beneficios. Los reguladores, pues, pueden imponer parámetros claros y dejar caer los bancos mal gestionados.

Fundamentalmente ¿qué sucede en los niveles profesionales? Reclutar operadores de calidad será clave para que funcione todo esquema de reestructuración. Los bancos también asegurarse de contar, en el largo plazo, con la pericias suficientes para moverse en un contexto complejo e incierto.

4 ¿Cómo debieran cambiar los SF? Las jurisdicciones nacionales tienden a exigir que los bancos multinacionales (en general, anglosajones) mantengan capitales propios para respaldar operaciones locales. En muchos países, será preciso reducir presencia si la liquidez local no alcanza. Además, ciertos reguladores contemplan ya separar el sector minorista, típico ejemplo de alta rentabilidad y bajo riesgos (o abusos en perjuicio de los clientes) de áreas tan peligrosas como la banca de inversión.

Sin embargo, ese tipo de medidas podría bloquear el ingreso de bancos chicos, dejando el campo a instituciones “demasiados grandes para dejarlas zozobrar”, un prurito que consideran ficticio economistas sistémicos como Paul Krugman. En el escenario de Gemes, Golder y Liebert, debieran prevalecer unos pocos jugadores globales, sostenidos por gobiernos como el de EE.UU. Cabe preguntarse cuál sería el panel de China, Brasil, Rusia, Alemania, Japón y otros países remisos a la receta anglosajona.